¿Quieres ser mi esclavo, no? Bueno, por desgracia para ti, no tengo espacio para más esclavos humanos. Estoy lleno. Tengo espacio para un cachorro, sin embargo. Así que si quieres ser mi esclavo, eso es lo que vas a tener que ser. Vas a ser mi perrito. Vas a pasar tus días comiendo de un tazón, masticando juguetes de mascar, caminando sobre una correa, y durmiendo en una perrera. No vas a llegar a tocar tu pequeña polla o jorobarse nada. Si te pones demasiado revuelto, te acaba de tener fijo y calmarte. Tu voz se habrá ido y todo lo que tienes son pequeños ladridos y ruidos que gimen. Pero, oh, qué vida. Te llega a pasar la noche durmiendo a mis pies y siendo jugado con a mi placer.