Arrodíllate, esclavo. Cuando estés en mi presencia, te postrarás ante mí. Yo soy tu deidad, después de todo. No te acercas a una deidad ojo a ojo. Inclines tu cabeza en sumisión. Tus ojos encontrarán la tierra y tu cuerpo será humilde en humilde. Esta es la primera señal de respeto que muestras a tu Diosa. Te enseñaré cómo ser reverente. Te enseñaré cómo ser respetuoso. Una Diosa no otorga sus dones a los esclavos que son indignos.