Dos esclavos amelia y adriana después de un día caluroso en la playa cuidan apasionadamente de la diosa Mia, lavándole el cuerpo con sus lenguas. Lentamente atropellan su piel bronceada, acariciando cada curva y cada línea, lavando las gotas saladas de sudor. Sus axilas y culos se mojan de la saliva de los esclavos. Mia se encuentra relajada, disfrutando de la atención y el poder, permitiendo que las criadas se concentren en sus pies. Los esclavos compiten en devoción, sus movimientos son suaves y apasionados al mismo tiempo.