Atrapado en las garras de la despiadada Gigante Lina, no eres más que un esclavo indefenso, destinado a servirle cada capricho. Tu lamentable existencia gira en torno a adorar su enorme y majestuoso trasero, limpiar cada rincón y arrullo con tu lengua, y rogar por trozos de atención. Pero ni siquiera pienses en chocar dentro de su trono sagrado – ese privilegio está reservado para los verdaderamente dignos. No obedezcas, y te enfrentarás a la humillación final